domingo, 19 de junio de 2016

Poesía

TU NOMBRE
Cuando el dolor ha triturado ya el último hueso de mi noche
y sólo habla el silencio al corazón insomne que hila y deshila penas y memorias
viene tu nombre hasta mi cuarto a oscuras.
Con un galope seco viene tu nombre abriendo
un camino entre nieblas
instaurando sus voces sus redobles
sus erres que retumban como un grito de guerra
su bronco acento de campana rota.
Tu nombre es tantas cosas:
el recuerdo de un barco que viene de ultramar y sus tercos marinos
el fuego entre la piedra
gota roja
que va tiñendo la pared del alba.
En él puede escucharse la voz de los que creen
con mística implacable y fe colérica.
Pero es también dulzura tu nombre
muro blanco donde mi mano traza los signos del sosiego
lugar donde recuesto mi cabeza.
Entere tu nombre y tú sin embargo un silencio
una grieta nocturna donde anidan los pájaros.

PIEDAD BONNETT

…..

Encontrar Quisiera la máquina de borrar.
Algo así como el incinerador de la memoria
algo así como el desalojo de las piezas más oscuras
de una vida que no alcanza.
una mano que entre y atrape sin compasión
las imágenes de la tortura, las imágenes en blanco
que sólo sirven para restarme horas de sueño,
una mano que arranque de raíz
la raíz de los colores que me inmovilizan.
Encontrar quisiera la máquina de borrar.
y comenzar absolutamente de nuevo,
brotar como una hoja en otro paisaje,
un paisaje que lo sea todo,
un paisaje de viento y árbol, de inmensidad infinita
un paisaje donde cada cinco minutos amanezca otra vez.
Y uno ahí,
convertido en tierra,
convertido en un pájaro veloz,
capaz de volar sin batir las alas.
Y uno ahí,
entero, completo, mudo
sin articular palabra de tanta lejanía,
haciendo de un segundo toda la vida,
sabiendo que toda la vida no basta
para contemplarlo todo.
Encontrar quisiera la máquina de borrar.
Salir de aquí, diciendo hasta la tarde
y no volver nunca más.
Volver al principio inocente y antiguo
donde no existe riesgo de perder esa inocencia
volver a mis piedras y a mi cueva,
al rugido de mis bestias,
volver a mi carrera desesperada por la pampa
correr sólo por correr
por jugar con el viento.
Hoy no me salva, ni el amarillo de este cielo abierto
ni el mar imponente a menos de tres cuadras
no me salva un recuerdo
no me salva una nostalgia
no me salva la envoltura de mi alma.
Hoy sólo me salvaría encontrar la máquina de borrar.
Marcela Muñoz Molina 

…..

Algunos han ganado un placer salvaje,
Por arriesgarse a un dolor más salvaje,
Podría yo esta noche ganar tu amor
Y sufrir mañana el peligro de la muerte.
Podría ganar la lucha de la batalla,
Una cierta mirada de tu ojo.
¡Cómo este corazón marchito ardería,
La lucha fuerte por intentarlo!
Bienvenidas las noches de sueños rotos,
Y los días de fría matanza.
¿Podría yo considerar que llorarías
Al oír mis peligros relatados?
Dime si con errantes peregrinos
Deambulo lejos de todo,
¿Vagas tú por aquellos paisajes distantes
Sin extraviar tu espíritu?
Salvaje, largamente, una trompeta suena lejos,
Déjame, déjame ir,
Donde el Sheik y el Británico se encuentran en guerra,
Sobre el flujo del Sutlej indio.
La sangre ha teñido las olas del Sutlej
Con manchas escarlatas, lo sé;
Los límites del Indus se cubren de tumbas,
¡Sin embargo, ordéname ir!
Aunque el rango y lo alto el holocausto
De las naciones, sube al cielo,
Con placer me sumaría a las huestes muertas,
Si la orden me fuese dada.
La fuerza de la pasión debería templar mi brazo,
Su ardor agita mi vida,
Hasta la fuerza humana para ese encanto terrible
Debería sucumbir y caer en alarma salvaje,
Como árboles en lucha contra la tempestad.
Si yo, excitada por la guerra, buscase tu amor
¿Te atreverías a estar a mi lado?
¿Te atreverías, entonces, a reprobar mi pasión,
Por desprecio, y orgullo enloquecedor?
No, mi voluntad sometería el control
De tu voluntad, tan alta y libre,
Y el amor domaría ese alma altiva.
Si, el amor más tierno para mí.
Leeré mi triunfo en tus ojos,
Contemplando, y probando el cambio;
Luego dejaré, indiferente, mi noble premio
Una vez más en manos al alcance.
Moriría cuando toda la espuma se alce,
El vino brillante resplandezca alto;
Sin esperar hasta que en la exhausta copa
Lo aburrido de la vida haga sólo mentiras.
Entonces el Amor será coronado con dulce recompensa,
Bendecida la esperanza con gran plenitud,
¡Desearía montar el corcel, desenvainar la espada,
Y perecer en la embestida!
Charlotte Brontë 

……

Es una intensísima corriente
un relámpago ser de lecho
una dona mórbida ola
un reflujo zumbo de anestesia
una rompiente ente florescente
una voraz contráctil prensil corola entreabierta
y su rocío afrodisíaco
y su carnalesencia
natal
letal
alveolo beodo de violo
es la sed de ella ella y sus vertientes lentas entremuertes que
estrellan y disgregan
aunque Dios sea su vientre
pero también es la crisálida de una inalada larva de la nada
una libélula de médula
una oruga lúbrica desnuda sólo nutrida de frotes
un chupochupo súcubo molusco
que gota a gota agota boca a boca
la mucho mucho gozo
la muy total sofoco
la toda ¡shock! tras ¡shock!
la íntegra colapso
es un hermoso síncope con foso
un ¡cross! de amor pantera al plexo trópico
un ¡knock out! técnico dichoso
si no un compuesto terrestre de líbido edén infierno
el sedimento aglutinante de un precipitado de labios
el obsesivo residuo de una solución insoluble
un mecanismo radioanímico
un terno bípedo bullente
un ¡robot! hembra electroerótico con su emisora de delirio
y espasmos lírico-dramáticos
aunque tal vez sea un espejismo
un paradigma
un eromito
una apariencia de la ausencia
una entelequia inexistente
las trenzas náyades de Ofelia
o sólo un trozo ultraporoso de realidad indubitable
una despótica materia
el paraíso hecho carne
una perdiz a la crema.

Oliverio Girando, Ella.

…..

ya todo va pasando lenta pero definitivamente
todo va pasando la pena el dolor la angustia
van pasando esos temblores del cuerpo y del alma
mis borracheras los cigarrillos el dolor de muelas
va pasando el amor es la única quimera es aquello
inaccesible que jamás comprenderemos
lo que nos hace vivir cerca del arco iris
aquello por lo cual podemos ser víctimas o verdugos
aquello que el hombre nunca entenderá
y cuando digo hombre digo también mujer
pero quiero darte una buena noticia
ya todo va pasando como los días
como el tren el ferrari el camello
ya todo va pasando y ahora sólo recuerdo tus ojos
tu llanto y esa hermosa sonrisa cuando venía a casa
o sea te recuerdo bien íntegra maravillosa
te mereces un siete una mañana de terciopelo
una entrada a la ópera te mereces un lugar en el paraíso
y sobretodo un lugar en mi corazón
pero nunca olvides que todo va pasando
y que esto ya pasó.
Hugo Vera Miranda

HOY ES UN GRAN DÍA un día perfecto
un día glorioso azul cálido luminoso
un día de gorriones y violines,
acabo de enterarme que mi padre no es mi padre
que mi madre es mi abuela que mi hermana es mi tía
y que las putas se van al cielo,
hoy es un gran día, me dicen que debo abandonar
la casa, que estafé a mi abuelo
que siempre fui un vagoinútilbuenoparanada,
que mi poesía me arrastrará al infierno
que abandoné todas las carreras
y que un día no saludé a las nubes;
me acusan de esto, de lo otro y lo de más allá,
me acusan de haber matado al sol
de haber instigado a marilyn con los barbitúricos
y de propiciar la muerte del ché;
y aquí estoy, balanceándome en la cornisa,
con un par de libros y calzoncillos en la maleta,
como dijo el poeta gregory corso:
-entusiasmado con mi nueva vida-.


A DÓNDE IR
a dónde ir cuando todos vienen en sentido contrario
cuando el horóscopo indica que no debes viajar
cuando el otoño golpea sus ramas sobre tu corazón
cuando el tedio se instala a vivir contigo y sólo
pides un poco de clemencia al viento de la desidia
cuando el gigante olvido te aprisiona las sienes.
a quién acudir en caso de emergencia sin llamar al 911
cuando tu barca se hunde y tú con ella a la deriva
a qué aferrarse cuando todos los violines callaron
y sólo se escucha la llegada de un nuevo huracán
que te arrancará de cuajo tu último sueño.
seguramente entonces debiéramos ser como el
intrépido torero cuyo valor lo otorga el miedo
y arremetemos contra los arreboles del crepúsculo
inmolándonos con la coraza armada del poema.
Hugo Vera Miranda

Necesito ropa, dijiste. Una blusa
alegre, de color subido. Y fuimos
a la tienda. La chica que nos llevó
a los vestidores se llamaba Tula.
Te queda rico, dijo, te queda de novela.
Nos metimos las dos en esa caja,
entrábamos apenas.
Como no había asientos ni percheros
te ofrecí mis brazos.
Te sacaste el vestido, la campera,
te sacaste la blusa, las hombreras,
te sacaste el turbante, la remera,
te sacaste el corpiño, la bolsita de mijo,
te miraste al espejo y me miraste
y yo vi tu pecho crudo, las costillas
al aire, y después tu corazón
como una piedra, fuerte y fatal
como una piedra.
María Teresa Andruetto
…..

Soneto de tus vísceras
Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.
Canto a tu masa intestinal rosada,
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.
Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.
Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos…
Yo soy un sapo negro con dos alas.
…..
Poeta
El poeta entra en la calle de un salto: el sombrero gacho y el perramus al viento. Son como las seis de la tarde. Echa una ojeada circular por el café, buscando una mesa pegada a alguno de los ventanales, porque es indudable que tiene algo que escribir. Camina entre los islotes de madera sin encontrar lo que desea. Las mesas que dan a la calle están todas ocupadas. Se instala en una que está debajo de un foco. En un sillón vecino ha arrojado el sombrero y el abrigo. El mozo se ha aproximado. Ha pedido, exactamente, té, con leche fría, un sandwich con jamón tostado y dos hojas de block. La merienda es el pretexto. Lo que necesita es escribir, terminar, poner en claro dos o tres poemas que lleva en el bolsillo hace días, llenos de tachaduras y de palabras superpuestas. De un bolsillo ha sacado las gafas de carey y se las ha colocado, del otro la estilográfica negra y dorada. De todos los cachivaches que el mozo trae, se queda con los más indispensables , que va distribuyendo hacia la izquierda de la mesa. A la derecha ha extendido las dos hojas de papel doblado y los borradores.
Ahora toma alternativamente el té y escribe. Todo debe ir bien, puesto que la pluma corre por el papel con facilidad. Mejor dicho, no corre. Se ve que el poeta se regodea dibujando su letra. Son versos alejandrinos. Procura que las líneas salgan del mismo tamaño y estira o acorta las palabras según las necesidades. Ha dejado la estilográfica sobre la mesa, mientras el sandwich en la mano izquierda muestra al aire la media luna de un inmenso bocado. El poeta está con el ceño contraído. Un poco nervioso, como en vilo, pero, en fin, antes de concluir el té ha terminado dos poemas simétricos, iguales, dos estrofitas de cuatro versos en una de las hojas. La ha doblado cuidadosamente y ha vacilado antes de depositarla en alguna parte, no se ensucie. Al fin la deja con toda delicadeza en la hendidura que le ofrece el sombrero próximo. Ha estado a punto de caerse al suelo, pero ahí está, abriéndose un poco como las alas de una mariposa.
Ahora la emprende con la otra hoja, le falta un tercer poema. El poeta sonríe satisfecho, lo ha terminado inesperadamente. Espera que se seque la hoja y una vez seca la ha partido por la mitad. Ha tomado la del sombrero y ha hecho lo mismo. Tres poemas iguales en tres hojitas iguales. Las coloca, uno encima del otro y los nivela dándoles golpecitos contra la mesa lustrada, como si fuera un naipe. Apenas le faltan algunos toques ornamentales. Les ha puesto un uno, un dos y un tres en números romanos. Ahora sí, los dobla definitivamente y se los mete en el bolsillo del saco con gran cuidado. La media hojita de papel que quedó en blanco no hay para qué desperdiciarla, se la guarda también en el bolsillo del saco. Se abotona de arriba abajo, se palpa el bolsillo y el pecho para asegurarse que están ahí los poemas, llama al mozo y le da una excelente propina. Él ha colaborado también en la obra del poeta transeúnte, ha sido el testigo más directo de aquel triple esfuerzo.
El escritor se levanta, aún está pálido y agitado, se ha puesto el perramus y el sombrero y se ha deslizado a lo largo del mostrador, pero su palidez destaca en los anteojos que se ha olvidado de quitar. Los anteojos son solo para leer y escribir. El poeta busca vagamente algo. La emoción ha apretado sus capilares y ha producido abundantes efectos, como es natural. El poeta busca, ansiosa y disimuladamente, una puertecilla que diga 
Caballeros.
Baldomero Eugenio Otto Fernández Moreno
…..
Un hemisferio en una cabellera
Déjame respirar mucho tiempo, mucho tiempo, el olor de tus cabellos; sumergir en ellos el rostro, como hombre sediento en agua de manantial, y agitarlos con mi mano, como pañuelo odorífero, para sacudir recuerdos al aire.
¡Si pudieras saber todo lo que veo! ¡Todo lo que siento! ¡Todo lo que oigo en tus cabellos! Mi alma viaja en el perfume como el alma de los demás hombres en la música.
Tus cabellos contienen todo un ensueño, lleno de velámenes y de mástiles; contienen vastos mares, cuyos monzones me llevan a climas de encanto, en que el espacio es más azul y más profundo, en que la atmósfera está perfumada por los frutos, por las hojas y por la piel humana.
En el océano de tu cabellera entreveo un puerto en que pululan cantares melancólicos, hombres vigorosos de toda nación y navíos de toda forma, que recortan sus arquitecturas finas y complicadas en un cielo inmenso en que se repantiga el eterno calor.
En las caricias de tu cabellera vuelvo a encontrar las languideces de las largas horas pasadas en un diván, en la cámara de un hermoso navío, mecidas por el balanceo imperceptible del puerto, entre macetas y jarros refrescantes.
En el ardiente hogar de tu cabellera respiro el olor del tabaco mezclado con opio y azúcar; en la noche de tu cabellera veo resplandecer lo infinito del azul tropical; en las orillas vellosas de tu cabellera me emborracho con los olores combinados del algodón, del almizcle y del aceite de coco.
Déjame morder mucho tiempo tus trenzas, pesadas y negras. Cuando mordisqueo tus cabellos elásticos y rebeldes, me parece que como recuerdos.
Charles-Pierre Baudelaire 
…………
I
Ya no es mágico el mundo. Te han dejado.
Ya no compartirás la clara luna
Ni los lentos jardines. Ya no hay una
Luna que no sea espejo del pasado,
Cristal de soledad, sol de agonías.
Adiós las mutuas manos y las sienes
Que acercaba el amor. Hoy sólo tienes
La fiel memoria y los desiertos días.
Nadie pierde (repites vanamente)
Sino lo que no tiene y no ha tenido
Nunca, pero no basta ser valiente
Para aprender el arte del olvido.
Un símbolo, una rosa, te desgarra
Y te puede matar una guitarra.
II
Ya no seré feliz. Tal vez no importa.
Hay tantas otras cosas en el mundo;
Un instante cualquiera es más profundo
Y diverso que el mar. La vida es corta
Y aunque las horas son tan largas, una
Oscura maravilla nos acecha,
La muerte, ese otro mar, esa otra flecha
Que nos libra del sol y de la luna
Y del amor. La dicha que me diste
Y me quitaste debe ser borrada;
Lo que era todo tiene que ser nada.
Sólo que me queda el goce de estar triste,
Esa vana costumbre que me inclina
Al Sur, a cierta puerta, a cierta esquina.
Borges.



Los ponientes y las generaciones.
Los días y ninguno fue el primero.
La frescura del agua en la garganta
De Adán. El ordenado Paraíso.
El ojo descifrando los colores.
La palabra. El hexámetro. El espejo.
El amor de los lobos en el alba.
La Torre de Babel y la soberbia.
El sol como un león sobre la arena.
Las arenas innúmeras del Ganges.
Chuang-Tzu y la mariposa que lo sueña.
Las manzanas de oro de las islas.
Los pasos del errante laberinto.
El infinito lienzo de Penélope.
El tiempo circular de los estoicos.
La moneda en la boca del que ha muerto.
El peso de la espada en la balanza.
Cada gota de agua en la clepsidra.
César en la mañana de Farsalia.
Los fastos, los trofeos, los ejércitos.
La sombra de las cruces en la tierra.
El ajedrez y el álgebra del persa.
La conquista de reinos por la espada.
La brújula incesante. El mar abierto.
El rey ajusticiado por el hacha.
El polvo incalculable que fue ejércitos.
La voz del ruiseñor en Dinamarca.
La escrupulosa línea del calígrafo.
El rostro del suicida en el espejo.
El naipe del tahúr. El oro ávido.
Las formas de la nube en el desierto.
Cada remordimiento y cada lágrima.
Se precisaron todas esas cosas
Para que nuestras manos se encontraran.

Borges

Final de época
He llevado oscuramente en el bolsillo
un pequeño proyecto de muerte personal
en un país humillado. Los nervios principales
se inclinan hacia la mesa y mi cobarde cabeza cae
a la penumbra de la vida interior. La historia
tira de las piernas y finalmente me expulsa
a puntapies del planeta, acompañado
de otros cadáveres
igualmente insufribles e hinchados
de informaciones falsas. Qué vergüenza
en la voluntad de lo viviente. Otros optaron
hasta la aniquilación
por indefensas verdades y otros por el dormitorio.
Acorralado por todas las incertidumbres
nada quedó resuelto. En mi bolsillo resta
una sola y fatigada desesperación.
(De Cabeza final, 1991)
Joaquín Gianuzzi
…..

JUICIO ORAL
Vamos a ver:
estás aquí, sentado en un café
y escuchas las hermosas palabras
que te dicta tu inseparable compañera,
esa Poesía que nunca sabes
si es una puta o una santa
aunque no importa mucho
porque siempre es una mujer de noble corazón.
Analicemos:
las hermosas palabras no pueden ser reemplazadas.
Esto implicaría una infamia
cuando caen sobre las fotografías del mundo.
Por ejemplo:
la cabeza cortada de un adolescente
rodando sobre el asfalto.
Sin embargo, esa palabras no sirven
para detener al esbirro
que mañana cortará otra cabeza.
Ahora bien:
la palabra es siempre una desesperada
en el crepúsculo del desierto.
Pese a sus fulgores,
no puede resolver sin la idílica sombra.
Una prueba:
¡Pobrecitos los poetas!
Quieren ser útiles, salvar las armas,
luchar por todos contra el muro del vacío,
pero la belleza siempre los traiciona.
¡Oh, sí, pobrecitos!
Última instancia:
la Poesía renace en una guarida de alucinados.
Conclusión:
se te va la vida
en lo que no dices y en lo que no haces.
Te queda, muy pequeña, la muerte.
Héctor Miguel Ángeli

…..

¿Cómo debo sujetar mi alma para que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla sobre ti, hacia otras cosas?
Quisiera guardarla junto a algo perdido en la oscuridad,
en un rincón extraño y silencioso que no hablara
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse.
Pero si nos rozamos,
nos llevamos el uno al otro
como el arco y el violín
sacando de dos cuerdas una sola nota.
¿En qué instrumento nos tensaron?
¿Y qué mano nos pulsa formando ese sonido?
¡Oh, qué dulce canción!
Rainer Maria Rilke
….


Un día tomé entre mis manos
tu rostro. Sobre él caía la luna.
El más increíble de los objetos
sumergido bajo el llanto.
Como algo solícito, que existe en silencio,
tenía que durar casi como una cosa.
y con todo nada había en la fría noche
que más infinitamente se me escapara.
Oh, porque desembocamos en estos lugares,
se apresuran hacia la pequeña superficie
todas las ondas de nuestro corazón,
voluptuosidad y desfallecimiento,
y al fin, ¿a quién ofrecemos todo esto?
Ay, al extraño, que nos ha malentendido,
ay, a aquel otro, que nunca hemos encontrado,
a aquellos siervos, que nos han maniatado,
a los vientos de primavera, que se han desvanecido,
ya la quietud, la perdedora.

Rainer Maria Rilke

3
Desertarás primero la Tristeza,
con su país de soles indecisos
y de rumiantes vacas.
La Tristeza es el juego más tramposo del diablo:
tiene las presunciones de una Musa frutal,
y sólo es un pañuelo con que se suena el alma
su nariz en resfrío.
Elbiamor, ¿qué dirías de una lámpara hermosa,
pero sin luz adentro?
Tal es, yo te lo juro, la Tristeza:
es igual a esos platos de vitrina
que nunca recibieron y no recibirán
ni una manzana verde ni un cuchillo.
4
Si la Tristeza es ya tu inquilina morosa,
échala de tu casa, pero sin altivez.
Le dirás que se lleve su catre y su baúl,
que se ponga su gorro de astracán o de lluvia
y que se vaya, en fin, a pisar hojas muertas
o a tocar los llorosos violones del hastío.
5
Una vez expulsada la Tristeza,
cuídate de los Tristes:
ellos no ven la luz, como sea
por el solo agujero de sus flautas.
Yo propongo a los númenes que inventan
la salud y el decoro de la ciudad humana
la construcción de un Barrio de los Tristes
en el suburbio menos frecuentado.
Allá se juntarían, y por fuerza de ley,
todos los hombres de color invierno:
los mártires del hígado y la pena,
los convictos de angustia, los no circuncidados
en el ritual del júbilo,
todos los confesores de zozobras,
todos los virgos de la hilaridad.
Ostentarían como distintivos
una rama de sauce pluvial en el sombrero,
en el brazo una liga de la Parca
y en el ojal un búho de latón esmaltado.
Sólo comerciarían en los ramos que siguen:
el pan de la congoja y el vinagre del tedio;
los barnizados muebles de la desolación,
los trajes en buen uso del espanto,
los ataúdes hechos a medida
para las ilusiones que fallecen,
los elásticos perros del insomnio,
las mulas flacas de la soledad
y otros artículos afines
con la tiroides y el Parnaso.
(…) los consejos que siguen
y has de observar escrupulosamente.
Si yendo por la calle te enfrentas con un Triste,
busca tu salvación en la otra vereda;
y en premio, la Cordura te adornará la sien
con una fresca rama de cedrón o de mirto.
Si tu encuentro fatal con un Triste sucede
ya en el tranvía ya en el autobús,
descenderás al punto del vehículo innoble
y aguardarás el otro con naturalidad;
entonces la Prudencia
te llenará las manos de alelíes y los bolsillos de castañas.
Si, por desdicha, un Triste visitara tu hogar,
espera dignamente a que se marche;
y luego, con urgencia, lavarás el asiento
donde ubicó sus nalgas tormentosas,
y romperás el vaso en que ha bebido,
y quemarás en tu salón de seda
nueve granos de incienso con tres de cinamomo.
Buscarás en seguida la casa de un Alegre;
pues en verdad te digo
que vale más la rota pantufla de un Alegre
que la sandalia nueva de los Tristes.
(…)
19
Deja la soledad para el uso exclusivo
de los poetas devastados
y los filósofos en ruinas.
“¡Estoy solo y medito!”, se gallardea el búho,
muy arropado en su lujosa noche.
Pero el cóndor sereno de los Andes,
erguido en su montaña y al sol de mediodía,
reflexiona en silencio: “La soledad no existe”.
Y es verdad, Elbiamor, que ninguno está solo.

21
Abundan los poetas que, al menos en la estrofa,
quieren eternizar sus amores de un año
y eternizar su gozo de talón fugitivo
y eternizar sus lágrimas que ya el sol evapora.
Elbiamor, no me opongo si quieres imitar
esas nobles tendencias del alma eternizante.
Pero sea con una condición:
en ese mismo anhelo de eternizar las cosas
has de ver el indicio y hasta la vocación
de tu más que segura eternidad.
Porque un sabor eterno se nos ha prometido,
y el alma lo recuerda.
29
Elbiamor, que te vean siempre igual a ti misma,
ya toques las alturas, ya recorras el suelo.
Ni se rebaja el pan en la mesa del pobre
ni se sublima en el mantel del rico.
Sé como el pan, y la Justicia
dirá tu elogio en la balanza.


Marechal 

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